Cecilia Bolocco, como todos saben, es la bellísma conductora chilena que se casó con el ex presidente Carlos Menem y se supone que como todo matrimonio fortalecido por un hijo, la vida familiar va sobre rieles. No se sabe si viaja en tren o en avión como dice la canción de Charly García pero la Bolocco dos por tres está en Argentina haciendo compras, tomando un cafecito o tal vez dándose un respiro. Llegó a Buenos Aires y fue recibida por sus amigas a quienes les contó sus grandes problemas entre los cuales el mayor es de tipo excretor. “Máximo ya no usa pañales pero el guagua no sabe hacer popó en el inodoro” le contaría la Chechu a una amiga, “Lo peor fue que le cagó el papagayo a el Carlo donde se hecha el meo a mitad de noche para no levantarse de la cama y enfriarse ya que está hecho un abuelito”. “Pero que el padre no se enoje! Es igualito a el, por eso le dicen Gotita de Agua” decía la amiga tratando de consolarla mientras tartamudeando la Bolocco le habría dicho: “No es porque sean parecidos, sino porque va a ser chorro cuando sea grande”. Para dejar de lado tantas lágrimas Cecilia Bolocco aceptó la invitación que le hizo Alejandro y Diego Romay para ver la obra Victor-Victoria en el Teatro El Nacional. “Me siento acá cerquita para ver mejor, no me importa si el lugar estaba reservado: El que se fue a villa perdió su silla” diría la Chechu ubicándose en un sector privilegiado y aplaudiendo enloquecida de alegría cuando uno de los interpretes de la obra mencionó su nombre a manera de honor para el espectáculo. Pero al escuchar el nombre Cecilia Bolocco muchos espectadores comenzaron a insultarla, “Decile a tu marido que me devuelva la billetera que me robó” gritó uno, enloquecido de ira.

El clima se puso terrible, ya muchos insultaban y tiraban pochoclo a la ex Miss Universo, conocida es la fama de ella como ahorrativa y aprovechando el terrible quilombo le dijo a uno de los que estaban en la mesa: “Agachémosno, por las dudas nos parten de un botellazo la cabeza y de paso ayudame a juntar pochoclo del piso para llevarle a Máximo de recuerdo”. La función terminó y la agredida Bolocco no paraba de soltar los mocos, atemorizada se le insinuó que no salga con el público, que espere a que el ambiente se calme. Durante una hora esperó para que no quede nadie dentro del teatro, pero al salir la estaban esperando y nuevamente comenzaron los insultos. Nerviosa pedía a gritos que la saquen del sitio, “Triganmen un carro para partir” y según comentarían, en ese momento pasaba un verdulero con un carrito tirado por un burro, repleto de verduras que llevaba a un restaurante. “¿Quiere subir doña? Al menos en un burro cargado de verduras nadie la va a reconocer” habría dicho el gentil verdulero. Ante la sorpresa de sus amigos y guardaespaldas la bella y fina dama ataviada con un zorro en el cuello dió un grito de alegría y saltó al carro. “Que país generoso Argentina” diría la Bolocco, sin darse que con tanto zangoloteo del carro, sentada arriba de una bolsa de nabos y tanto tiempo sin ser atendida por el Carlo según dirían sus conocidos: “Habría comenzado a sentir el típico cosquilleo pide pija”. Sonrojada por sus intenciones, se habría acercado al oído del verdulero y muchos dicen que le pidió el burro para llevarlo al hotel donde dormía. Según las fantasías de sus amigas que no quisieron decir su nombre relatarían a cerca de lo que pasó: “Fue una lujuriosa velada, donde lo importante era ocultar la verdad, para muchos se conformó con un nabo y para otros como el atosigado asno. ”